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miércoles, 30 de junio de 2010

Los Abuelos...




El abuelo era blanco; conocía
dos cuevas y sabía seguir huellas de lobo.
La abuela era menuda y tibia como un nido:
jugábamos a pájaros con ella.
... Y, alrededor, los dos llevaban como
un contorno de campos y palomas:
cruzaban el umbral y parecía
que con ellos entraba el verano en la casa;
al contarnos los cuentos, en sus voces
oíamos molinos y cuervos alejándose
y hasta en las mismas ropas nos traían
un recuerdo fragante, un recuerdo lluvioso
del heno y la retama...
... Y el abuelo, qué manos de valiente,
qué venas, retorcidas como parras;
las ganas que me daban
de cumplir en un día sesenta y cuatro años
para tener dos manos como aquéllas...
Luego, la abuela, aquellas zapatillas
de nube que llevaba,
aquel ir y venir, como volando,
de la escoba al misal, de sus gallinas
a las sábanas frescas,
de la labor de lana a los geranios,
del pan a las mejillas de sus nietos...
que entonces, suavemente, quedábamos dormidos
creyendo que la abuela no se acostaba nunca.

(Miguel D'ors)


domingo, 27 de junio de 2010

Altos Vuelos




Un óleo que hice tomando como modelo una foto de mi padre en Florencia...



Just Imagine



Ésta es una de las primeras imágenes que hice cuando aprendí a utilizar mi tableta gráfica (regalo espectacular en mi último cumpleaños).

Aunque me atrae más la ilustración tradicional, con papel y pinturas, disfruté mucho haciéndola, tanto por los cuatro personajes como por el significado que tiene... desde pequeña en mi casa nos han inculcado el amor por la lectura, y yo aprendí a leer muy pronto... hoy soy una adicta total! 

sábado, 26 de junio de 2010

La Luna y el Cohete

Desde que el primer homo erectus alzó la vista al cielo, la luna ya estaba allí, reina y señora de las noches terrestres, esperando, cautivando al hombre con su luz impertérrita y poderosa... desde entonces la luna nos ha visto crecer, reproducirnos, fundar civilizaciones y derribarlas, hacer el amor y la guerra, sufrir, celebrar, nacer y morir... y nosotros hemos visto a la luna siempre allí, la hemos deificado y venerado, la hemos contemplado solos y en pareja, hemos escrito sobre ella en prosa y en verso... y hemos intentado tocarla, llegar hasta ella... y una vez la hemos alcanzado ha sido cabeza de puente del resto de nuestro afán de conquista y descubrimiento. A pesar de que, vista desde su superficie, no es más que una superficie desoladora de rocas y cráteres, su magia nos sigue provocando y sigue siendo gracias a ella que nuestras noches tienen sentido.

El ser humano está destinado a querer ir siempre más allá. En el fondo del más religioso y del más ateo de nosotros late un deseo de buscar lo trascendente, de subir más alto y de descubrirlo todo, conocerlo todo, aprehenderlo todo... siempre más y más arriba...

...y eso son la Luna y el Cohete